Primer CapituloMis hermanas y yo íbamos muy felices en nuestra limosina. No utilizábamos los clubcar de la cuidad porque a nuestra madre no les gusta, dice que somos muy pequeñas todavía: “Apenas están en kínder” dice, con una cara de afligida que solo una madre puede tener.
Pero ya no estábamos en kínder. Regresábamos de nuestra ceremonia de graduación a la cual extrañamente nuestra madre no había asistido. Pero después de deprimirnos unos momentos nos consolamos con la excusa de que ella estaba en casa preparando una comida especial para esta ocasión.
–Señoritas, hemos llegado a su hogar.
–Kazuo, te hemos dicho mil veces que no nos llames señoritas, nosotras te consideramos muestro amigo.
–Pero señoritas, ustedes…
- Son las hijas de mi ama bla, bla, bla – lo interrumpimos las tres al mismo tiempo- no merezco ser digno de su amistad bla, bla, bla. ¡¡ash!!.
Kazuo es nuestro conductor desde que tenemos memoria y en todo este tiempo no hemos logrado que nos deje de llamar “señoritas”. Aun cuando se lo pedimos cada vez que nos subimos a la limosina o bajamos de ella.
Decidimos dejar la discusión del tema para después, de todos modos siempre ponemos argumentos tan convincentes que la mayoría de las veces nosotras teníamos la última palabra. Pero aun así no nos dejaba de llamar con gran cortesía.
Sin embargo, al bajarnos vimos algo que no nos permitió pensar, pero sabíamos lo que nuestro rostro reflejaba, la tristeza, miedo y confusión. Yo no podía creerlo, no quería creerlo, ¡era algo imposible!, ¡¡IMPOSIBLE!!
-O…kasa... ¿toushte?- los gritos que sonaron en mi interior fueron susurros al decirlas. Estaba bajando las escaleras de la entrada con una mirada fría e inexpresiva. Paso por enfrente de nosotras sin dirigirnos ni una palabra o una mirada, fue como si no existiéramos para ella. Guardo sus maletas en la cajuela del Volvo que estaba estacionado en frente de nuestra limosina y se subió en el asiento trasero del auto para después solo alejarse… alejarse… alejarse….
Pero nosotras no mirábamos a nuestra madre desde que se perdió de nuestro rango de vista. Seguíamos con la vista clavada en la puerta de nuestra casa, sin poder creérnoslo.
A mi espalda oí un sonido sordo que me indico que una de mis hermanas se había desmayado y los sollozos de la otra.
No pude saber que mas paso pues poco segundos después yo también caí desmayada.
Al volver a abrir mis ojos me encontré con el rostro amable de Naoko, mi nana, frente a mí con la expresión de pena en su rostro.
De repente, una voz de chico sonó en alguna parte de mi cabeza que me llamaba:
-Danika, Danika, Danika despierta.
Abrí los ojos por “segunda” vez y esta vez me encontré con el rostro de mi mejor amigo, Axel Kimochi, frente a mí con una gran sonrisa en su rostro.
–Que bueno que despiertas- pero la sonrisa desapareció al preguntarme- ¿estas bien?, ¿hasta donde llegaste?, ¿cuánto me tarde?
-Wow, wow, wow- le hice un gesto con la mano para que parara la tanda de preguntas- una por una. Primero, estoy bien. Segundo, llegue hasta el momento en el que me desperté y me encontré con Naoko y tercero, tú nunca llegas tarde, me basta con que me despiertes.- después le dirigí una amplia sonrisa para demostrarle que no estaba enfadada en lo mas mínimo.
Conocí a Axel en mi primer día en el kínder, aunque sería mas correcto decir que el me conoció a mi pues yo fui quien se acerco a él.
Puede sonar extraño pero recuerdo ese día como si fuera ayer, siempre he podido recordar los días relevantes de mi vida.
Estaba sujeta de la mano de mi madre cuando de repente sentí una presencia que me resulto vagamente familiar. Comencé a buscar la fuente de esa presencia en medio de la multitud de padres con sus hijos que también esperaban y estaban alrededor nuestro. La identifique a unos pocos pasos de nosotras e inconscientemente me abrí paso a través de los padres con mucho cuidado para alcanzarlo y cuando lo encontré lo tome de la mano para después presentarme y pedirle permiso para ser su amiga. Lo gracioso de ese recuerdo fue la cara de desconcierto que puso cuando se lo dije:
-Hola, mi nombre es Danika Yanahisawa, me gustaría ser tu amiga si me lo permites.
Al reírme al recordarlo, Axel alzo la vista con una sonrisa de nuevo en su rostro.
–No fue mi culpa, tú llegaste, me tomaste de la mano y soltaste esa presentación que me sorprendí mucho y no tuve tiempo para reaccionar pues mi mamá me arrastro para entrar cuando abrieron la puerta.
–Lo que aumento la gracia fue que tu hermano tenía al misma cara de desconcierto que tu, parecían gemelos de los mas idénticos y tu madre estaba igual de divertida que yo.
Axel tenía solo un hermano. Su nombre es Kei Kimochi. Tiene el cabello de color miel y ojos castaños iguales a los de Axel. Es el más bajo de ambos y el más listo, solo que en la práctica Axel le gana, por lo tanto tenían sus calificaciones más o menos iguales. Depende de que hagamos mas durante el bimestre.
Mis hermanas y yo somos sus amigas de toda la infancia, nunca hemos roto los unos con los otros y nos conocíamos de pies a cabeza. Nos sabíamos todas nuestras expresiones, sentimientos y sabíamos todos los secretos. Éramos como uno mismo. Un nuevo estudiante puede llegar y jurar que somos familia.
–Nee-chan, ¿ya despertaste?- la voz de Natsuko interrumpió el hilo de mis pensamientos, estaba en la puerta de mi habitación- el desayuno esta listo. T u también estas invitado a desayunar Axel, ¿a que hora llegara tu hermano? Mitsuko lo espera.
-¡¿Eh?! , eso no es cierto Natsuko- una voz nos llego desde el piso inferior y al momento siguiente Mitsuko, igual hasta el ultimo detalle a su hermana, estaba al lado de ella y al miraba con cara de puchero- Y yo no soy quien lo espera, eres tu nee-chan
Ante este comentario, Natsuko enrojeció hasta las orejas y se marcho con cara de ofendida y haciendo mucho ruido. Mitsuko la siguió pero ella estaba con cara de triunfo y paso ligero.
Mitsuko y Natsuko eran idénticas hasta el último detalle. Excepto en el cabello. Natsuko lo llevaba debajo de sus hombros y Mitsuko hasta la cadera. Antes ambas lo llevaban un poco por encima de la cintura pero como hasta los maestras las confundían decidieron que una se lo cortaría y para ver quien lo hacía hicieron unas competencias.
-“Córtatelo tú”
-“No quiero, hazlo tú”
-“Las mayores siempre hacen los sacrificios”
-“Las menores deben obedecer a las mayores”
-“Solo me ganaste por minutos Natsuko”
-“Entonces soy mayor por minutos”
-“Y por eso tu debes hacer el sacrificio”
-“No, tu me debes de obedecer y digo que te lo cortes”
-“¡Haz el sacrificio!”
-“¡Obedéceme!”
-“¡¡ASH!!”- dijeron al unisonó y se dieron la espalda la una a la otra. Yo en cambio solo alcance a reírme por sus rostros. Ambas tenían el ceño fruncido y la boca con puchero.
-“Mis niñas, ¿Qué pasa ahora?”
Todas alzamos nuestros rostros de siete años para ver a Kazuo, nuestro conductor. Desde el día en que se fue nuestra madre de la casa el nos ha dejado de llamar “señoritas” y nos ha tratado como a sus hijas.
Mis hermanas empezaron a darle sus argumentos al mismo tiempo que solo se podía saber que decía cada una si se le prestaba atención solo a ella.
-“¡¡Por eso ella debe cortarse el cabello!!”- al final fue lo único que se les pudo entender al mismo tiempo.
Kazuo parecía estar en las mismas que yo. Sin saber a quien apoyar.
-“Bien, bien, bien,- dijo después de pensar uno momentos- creo que tendrán que competir para poder resolver este problema.
Algo que no pensó mi conductor fue que cada una escogería los juegos en los que fueran buenas.
Natsuko escogió salto de doble cuerda, carrera en bicicleta y salto de longitud. Mitsuko prefirió basketball, patinar y carrera de cien metros. Al final terminaron en otra discusión y como a Kazuo no le hicieron caso por más que las llamaba, así que decidió marcharse a ver la tele.
Decidieron que iban a jugar los seis juegos a ver quien ganaba más.
Empezaron con el salto de doble cuerda y siguieron con el basketball. Lamentablemente conforme se fueron alternando los juegos cada una ganaba en los que escogieron. Al final terminaron en empate y volvieron a discutir.
Como yo me había aburrido el la segunda ronda y me fui a leer algo, cuando regrese están en eso. Hartado me acerque a ellas y les grite:
-“¡¡¡BASTAAAAAAAA!!! , estoy hasta el tope. Tiremos una moneda para desempatar y acabar de una vez con esto. Hoy han discutido más que de costumbre.
-“Ok, yo escojo sol”
-“Yo me quedo con cara”
Salió sol.
Al día siguiente fuimos a la peluquería. Para no hacerla sufrir tanto, le pedimos a la señorita que se lo cortara en capas y se lo dejara un poco debajo de los hombros. Le gusto bastante su look y salió muy contenta de la peluquería. Mitsuko dijo que para que se notara más la diferencia ella se lo dejaría hasta la cadera.
-Hoy estas muy pensativa, ¿sabes? Normalmente no pasas tanto tiempo en el pasado, y eso que acabas de despertar.- la vos de Axel me devolvió al presente sacándome de mis recuerdos, tomándome por sorpresa.
-¿Uh?
-¿Qué tanto recuerdas hoy?- me insistió
-Recordé el día en como decidieron quien se cortaría el cabello, pero ahora que lo dices si estoy pensativa hoy.
-Bueno, trata de mantenerte en el presente para vestirte, que no te dará tiempo de desayunar.
Se salió para darme intimidad. Me cambien, me lave la cara, me peine en media coleta y baje a desayunar.
-Buenos días amorcito.
-Buenos días okasa, otosama, hermanas.
-Buenos días mi niña
-Nee-chan, hoy okasa nos preparo hot cakes.
La cara se me ilumino y me apresure a sentarme.
En realidad Naoko no era nuestra madre, ni Kazuo nuestro padre, pero ¿de que otra forma llamar a las personas que nos habían cuidado por tantos años? En estos momentos no estaba segura de cómo llamar a nuestra verdadera madre si de repente volviera a nuestra vida. Estoy segura de que mis hermanas se encontrarían en las mismas si de repente se encontraran con la mujer que les dio la vida y que las cuido su primer año.
En realidad ni Natsuko ni Mitsuko eran mis hermanas por sangre. Habían sido adoptadas. Su madre trabajaba en un orfanato y en cuanto nacieron decidió darlas en adopción pues no podría cuidarlas adecuadamente con lo poco que le pagaban. Nosotras, mi verdadera madre y yo, las adoptamos en su cumpleaños.
Puede sonar cruel pero no quiero que nuestra madre vuelva. Quiero que se quede quien sabe donde por el resto de mi vida, quiero este tipo de vida por siempre. Seguir llamando a mi nana y conductor ocasional, pues desde que entramos en la primaria utilizamos los clubcar, nuestros padres y seguir con la felicidad que llevo hasta ahora.
-¡¡NEE-CHAN!!- la voz de Natsuki me trajo de regreso con un sobresalto. Al ver que estaba de vuelta volvió a hablar con su volumen normal- nee-chan, el clubcar ya casi va a salir, será mejor que preparemos nuestros patines nuevos, me muero por estrenarlos.
-Hi, gome nachain, nee-chan, solo déjame terminar.
-¿De que hablas Danika? Tu plato esta vacío desde hace cinco minutos.
El comentario de Axel me sorprendió, no recordaba haber estado comiendo. Mas sin embargo al mirar mi plato descubrí que este tenía razón y estaba vacío.
-¿¿¡¡Eh!!?? Ni siquiera los disfrute.
- No te preocupes pequeña, si quieres mañana los vuelvo a hacer- la voz de mi madre me alegro al prometérmelo
-Arigato, okasa.
-¡Yupi!, okasa volverá a hacer hot cakes mañana.- las voces de mis hermanas transmitían muy claramente su alegría por este hecho.
Era algo definitivo, si podía pedir un deseo, sería quedarme con esta vida en la cual estaba tan cómoda y feliz. Puede que este día lo haya empezado en el pasado, siempre pasaba después de cada vacación, pero no lo haría el resto del día. No, este día no sería de recuerdos.
Pero algo me desconcertó bastante cuando cruce la puerta de mi casa. Me vino a la mente un recuerdo que no tenía nada que ver con este momento, sin razón aparente, solo lo recordé.
Estaba escondida detrás de una puesta y veía una imagen horrible, que me helo la sangre.
Mi madre estaba tirada en el suelo de la sala con mi padre en frente de ella. Traía en la mano un látigo de agua y estaba golpeando con el a mi madre. De repente, ella se paro ágilmente del suelo, tomo el látigo que sostenía mi padre y lo amenazó con el. Le ordeno que se marchara de la casa, que no le permitía tratarla así y menos a mí, pues en ese entonces no habíamos adoptado a mis hermanas. Trato de calmarla pero ella no cedería ante nada. Lo último que le dijo mi padre fue que arrepentiría por haberlo echado de su propia casa y que algún día estaría pidiendo perdón de rodillas. Después desapareció en medio de una neblina que me puso los pelos de punta. Al desaparecer definitivamente mi madre cayó al suelo y se puso a llorar amargamente. Yo me fui alejando lentamente de la puerta sin hacer ruido para que no me notara.
-Danika responde, Danika ¿Qué paso?
- Nee-chan háblanos, dinos algo
-Amorcito, ¿Qué ocurre ahora?
-Mi niña, ¿Por qué te quedaste ahí?
Las voces de mis familiares me sacaron de nuevo de mi flashback. Estaban alrededor de mí. Yo estaba sujeta al marco de la puerta y me parecía que apenas me podía sostener en pie.
-L-lo siento, pe-pero…yo…- apenas podía hablar.
-¿Qué recordaste?- Alex me coloco en la silla mas cercana que tenía y se acuclillo en frente de mí con los demás siguiéndolo.
Me pareció que lloraría si se los decía pero me arme de fuerza para evitarlo.
-Recordé…la noche…en q-que…mi…p-pa-padre…s-se-se fue.- solo podía murmurar pues el recuerdo de esa noche me atemorizaba.
Axel parecía satisfecho ante mi pobre explicación como los demás.
-¿Quieres ir a la escuela mi niña?
-Estoy bien, otosama, la mayor parte fue la sorpresa, no te preocupes.- ya estaba casi repuesta
-Ok, bueno, mis niñas, mi amor, joven Axel, mi voy al trabajo.
-Buena suerte querido
-Que te vaya bien padre- yo ya me habían recuperado y me uní a la despedida que hicieron mis hermanas con verdadero ánimo.
Cuando oímos el sonido del motor de mi padre alejarse nosotras y Axel nos despedimos también de mi okasa.
Al subir, Kei ya nos tenía apartada una mesa y en cuanto nos vio supo que había pasado algo. Le comentamos del recuerdo de la despedida de mi padre y se alegro de verme con ánimos.
Si, ya basta de recuerdos, como decía una frase que oí en una película:
“El ayer es historia, el mañana un misterio, pero el hoy, es un regalo, por eso se le llama presente”
Pero ya no estábamos en kínder. Regresábamos de nuestra ceremonia de graduación a la cual extrañamente nuestra madre no había asistido. Pero después de deprimirnos unos momentos nos consolamos con la excusa de que ella estaba en casa preparando una comida especial para esta ocasión.
–Señoritas, hemos llegado a su hogar.
–Kazuo, te hemos dicho mil veces que no nos llames señoritas, nosotras te consideramos muestro amigo.
–Pero señoritas, ustedes…
- Son las hijas de mi ama bla, bla, bla – lo interrumpimos las tres al mismo tiempo- no merezco ser digno de su amistad bla, bla, bla. ¡¡ash!!.
Kazuo es nuestro conductor desde que tenemos memoria y en todo este tiempo no hemos logrado que nos deje de llamar “señoritas”. Aun cuando se lo pedimos cada vez que nos subimos a la limosina o bajamos de ella.
Decidimos dejar la discusión del tema para después, de todos modos siempre ponemos argumentos tan convincentes que la mayoría de las veces nosotras teníamos la última palabra. Pero aun así no nos dejaba de llamar con gran cortesía.
Sin embargo, al bajarnos vimos algo que no nos permitió pensar, pero sabíamos lo que nuestro rostro reflejaba, la tristeza, miedo y confusión. Yo no podía creerlo, no quería creerlo, ¡era algo imposible!, ¡¡IMPOSIBLE!!
-O…kasa... ¿toushte?- los gritos que sonaron en mi interior fueron susurros al decirlas. Estaba bajando las escaleras de la entrada con una mirada fría e inexpresiva. Paso por enfrente de nosotras sin dirigirnos ni una palabra o una mirada, fue como si no existiéramos para ella. Guardo sus maletas en la cajuela del Volvo que estaba estacionado en frente de nuestra limosina y se subió en el asiento trasero del auto para después solo alejarse… alejarse… alejarse….
Pero nosotras no mirábamos a nuestra madre desde que se perdió de nuestro rango de vista. Seguíamos con la vista clavada en la puerta de nuestra casa, sin poder creérnoslo.
A mi espalda oí un sonido sordo que me indico que una de mis hermanas se había desmayado y los sollozos de la otra.
No pude saber que mas paso pues poco segundos después yo también caí desmayada.
Al volver a abrir mis ojos me encontré con el rostro amable de Naoko, mi nana, frente a mí con la expresión de pena en su rostro.
De repente, una voz de chico sonó en alguna parte de mi cabeza que me llamaba:
-Danika, Danika, Danika despierta.
Abrí los ojos por “segunda” vez y esta vez me encontré con el rostro de mi mejor amigo, Axel Kimochi, frente a mí con una gran sonrisa en su rostro.
–Que bueno que despiertas- pero la sonrisa desapareció al preguntarme- ¿estas bien?, ¿hasta donde llegaste?, ¿cuánto me tarde?
-Wow, wow, wow- le hice un gesto con la mano para que parara la tanda de preguntas- una por una. Primero, estoy bien. Segundo, llegue hasta el momento en el que me desperté y me encontré con Naoko y tercero, tú nunca llegas tarde, me basta con que me despiertes.- después le dirigí una amplia sonrisa para demostrarle que no estaba enfadada en lo mas mínimo.
Conocí a Axel en mi primer día en el kínder, aunque sería mas correcto decir que el me conoció a mi pues yo fui quien se acerco a él.
Puede sonar extraño pero recuerdo ese día como si fuera ayer, siempre he podido recordar los días relevantes de mi vida.
Estaba sujeta de la mano de mi madre cuando de repente sentí una presencia que me resulto vagamente familiar. Comencé a buscar la fuente de esa presencia en medio de la multitud de padres con sus hijos que también esperaban y estaban alrededor nuestro. La identifique a unos pocos pasos de nosotras e inconscientemente me abrí paso a través de los padres con mucho cuidado para alcanzarlo y cuando lo encontré lo tome de la mano para después presentarme y pedirle permiso para ser su amiga. Lo gracioso de ese recuerdo fue la cara de desconcierto que puso cuando se lo dije:
-Hola, mi nombre es Danika Yanahisawa, me gustaría ser tu amiga si me lo permites.
Al reírme al recordarlo, Axel alzo la vista con una sonrisa de nuevo en su rostro.
–No fue mi culpa, tú llegaste, me tomaste de la mano y soltaste esa presentación que me sorprendí mucho y no tuve tiempo para reaccionar pues mi mamá me arrastro para entrar cuando abrieron la puerta.
–Lo que aumento la gracia fue que tu hermano tenía al misma cara de desconcierto que tu, parecían gemelos de los mas idénticos y tu madre estaba igual de divertida que yo.
Axel tenía solo un hermano. Su nombre es Kei Kimochi. Tiene el cabello de color miel y ojos castaños iguales a los de Axel. Es el más bajo de ambos y el más listo, solo que en la práctica Axel le gana, por lo tanto tenían sus calificaciones más o menos iguales. Depende de que hagamos mas durante el bimestre.
Mis hermanas y yo somos sus amigas de toda la infancia, nunca hemos roto los unos con los otros y nos conocíamos de pies a cabeza. Nos sabíamos todas nuestras expresiones, sentimientos y sabíamos todos los secretos. Éramos como uno mismo. Un nuevo estudiante puede llegar y jurar que somos familia.
–Nee-chan, ¿ya despertaste?- la voz de Natsuko interrumpió el hilo de mis pensamientos, estaba en la puerta de mi habitación- el desayuno esta listo. T u también estas invitado a desayunar Axel, ¿a que hora llegara tu hermano? Mitsuko lo espera.
-¡¿Eh?! , eso no es cierto Natsuko- una voz nos llego desde el piso inferior y al momento siguiente Mitsuko, igual hasta el ultimo detalle a su hermana, estaba al lado de ella y al miraba con cara de puchero- Y yo no soy quien lo espera, eres tu nee-chan
Ante este comentario, Natsuko enrojeció hasta las orejas y se marcho con cara de ofendida y haciendo mucho ruido. Mitsuko la siguió pero ella estaba con cara de triunfo y paso ligero.
Mitsuko y Natsuko eran idénticas hasta el último detalle. Excepto en el cabello. Natsuko lo llevaba debajo de sus hombros y Mitsuko hasta la cadera. Antes ambas lo llevaban un poco por encima de la cintura pero como hasta los maestras las confundían decidieron que una se lo cortaría y para ver quien lo hacía hicieron unas competencias.
-“Córtatelo tú”
-“No quiero, hazlo tú”
-“Las mayores siempre hacen los sacrificios”
-“Las menores deben obedecer a las mayores”
-“Solo me ganaste por minutos Natsuko”
-“Entonces soy mayor por minutos”
-“Y por eso tu debes hacer el sacrificio”
-“No, tu me debes de obedecer y digo que te lo cortes”
-“¡Haz el sacrificio!”
-“¡Obedéceme!”
-“¡¡ASH!!”- dijeron al unisonó y se dieron la espalda la una a la otra. Yo en cambio solo alcance a reírme por sus rostros. Ambas tenían el ceño fruncido y la boca con puchero.
-“Mis niñas, ¿Qué pasa ahora?”
Todas alzamos nuestros rostros de siete años para ver a Kazuo, nuestro conductor. Desde el día en que se fue nuestra madre de la casa el nos ha dejado de llamar “señoritas” y nos ha tratado como a sus hijas.
Mis hermanas empezaron a darle sus argumentos al mismo tiempo que solo se podía saber que decía cada una si se le prestaba atención solo a ella.
-“¡¡Por eso ella debe cortarse el cabello!!”- al final fue lo único que se les pudo entender al mismo tiempo.
Kazuo parecía estar en las mismas que yo. Sin saber a quien apoyar.
-“Bien, bien, bien,- dijo después de pensar uno momentos- creo que tendrán que competir para poder resolver este problema.
Algo que no pensó mi conductor fue que cada una escogería los juegos en los que fueran buenas.
Natsuko escogió salto de doble cuerda, carrera en bicicleta y salto de longitud. Mitsuko prefirió basketball, patinar y carrera de cien metros. Al final terminaron en otra discusión y como a Kazuo no le hicieron caso por más que las llamaba, así que decidió marcharse a ver la tele.
Decidieron que iban a jugar los seis juegos a ver quien ganaba más.
Empezaron con el salto de doble cuerda y siguieron con el basketball. Lamentablemente conforme se fueron alternando los juegos cada una ganaba en los que escogieron. Al final terminaron en empate y volvieron a discutir.
Como yo me había aburrido el la segunda ronda y me fui a leer algo, cuando regrese están en eso. Hartado me acerque a ellas y les grite:
-“¡¡¡BASTAAAAAAAA!!! , estoy hasta el tope. Tiremos una moneda para desempatar y acabar de una vez con esto. Hoy han discutido más que de costumbre.
-“Ok, yo escojo sol”
-“Yo me quedo con cara”
Salió sol.
Al día siguiente fuimos a la peluquería. Para no hacerla sufrir tanto, le pedimos a la señorita que se lo cortara en capas y se lo dejara un poco debajo de los hombros. Le gusto bastante su look y salió muy contenta de la peluquería. Mitsuko dijo que para que se notara más la diferencia ella se lo dejaría hasta la cadera.
-Hoy estas muy pensativa, ¿sabes? Normalmente no pasas tanto tiempo en el pasado, y eso que acabas de despertar.- la vos de Axel me devolvió al presente sacándome de mis recuerdos, tomándome por sorpresa.
-¿Uh?
-¿Qué tanto recuerdas hoy?- me insistió
-Recordé el día en como decidieron quien se cortaría el cabello, pero ahora que lo dices si estoy pensativa hoy.
-Bueno, trata de mantenerte en el presente para vestirte, que no te dará tiempo de desayunar.
Se salió para darme intimidad. Me cambien, me lave la cara, me peine en media coleta y baje a desayunar.
-Buenos días amorcito.
-Buenos días okasa, otosama, hermanas.
-Buenos días mi niña
-Nee-chan, hoy okasa nos preparo hot cakes.
La cara se me ilumino y me apresure a sentarme.
En realidad Naoko no era nuestra madre, ni Kazuo nuestro padre, pero ¿de que otra forma llamar a las personas que nos habían cuidado por tantos años? En estos momentos no estaba segura de cómo llamar a nuestra verdadera madre si de repente volviera a nuestra vida. Estoy segura de que mis hermanas se encontrarían en las mismas si de repente se encontraran con la mujer que les dio la vida y que las cuido su primer año.
En realidad ni Natsuko ni Mitsuko eran mis hermanas por sangre. Habían sido adoptadas. Su madre trabajaba en un orfanato y en cuanto nacieron decidió darlas en adopción pues no podría cuidarlas adecuadamente con lo poco que le pagaban. Nosotras, mi verdadera madre y yo, las adoptamos en su cumpleaños.
Puede sonar cruel pero no quiero que nuestra madre vuelva. Quiero que se quede quien sabe donde por el resto de mi vida, quiero este tipo de vida por siempre. Seguir llamando a mi nana y conductor ocasional, pues desde que entramos en la primaria utilizamos los clubcar, nuestros padres y seguir con la felicidad que llevo hasta ahora.
-¡¡NEE-CHAN!!- la voz de Natsuki me trajo de regreso con un sobresalto. Al ver que estaba de vuelta volvió a hablar con su volumen normal- nee-chan, el clubcar ya casi va a salir, será mejor que preparemos nuestros patines nuevos, me muero por estrenarlos.
-Hi, gome nachain, nee-chan, solo déjame terminar.
-¿De que hablas Danika? Tu plato esta vacío desde hace cinco minutos.
El comentario de Axel me sorprendió, no recordaba haber estado comiendo. Mas sin embargo al mirar mi plato descubrí que este tenía razón y estaba vacío.
-¿¿¡¡Eh!!?? Ni siquiera los disfrute.
- No te preocupes pequeña, si quieres mañana los vuelvo a hacer- la voz de mi madre me alegro al prometérmelo
-Arigato, okasa.
-¡Yupi!, okasa volverá a hacer hot cakes mañana.- las voces de mis hermanas transmitían muy claramente su alegría por este hecho.
Era algo definitivo, si podía pedir un deseo, sería quedarme con esta vida en la cual estaba tan cómoda y feliz. Puede que este día lo haya empezado en el pasado, siempre pasaba después de cada vacación, pero no lo haría el resto del día. No, este día no sería de recuerdos.
Pero algo me desconcertó bastante cuando cruce la puerta de mi casa. Me vino a la mente un recuerdo que no tenía nada que ver con este momento, sin razón aparente, solo lo recordé.
Estaba escondida detrás de una puesta y veía una imagen horrible, que me helo la sangre.
Mi madre estaba tirada en el suelo de la sala con mi padre en frente de ella. Traía en la mano un látigo de agua y estaba golpeando con el a mi madre. De repente, ella se paro ágilmente del suelo, tomo el látigo que sostenía mi padre y lo amenazó con el. Le ordeno que se marchara de la casa, que no le permitía tratarla así y menos a mí, pues en ese entonces no habíamos adoptado a mis hermanas. Trato de calmarla pero ella no cedería ante nada. Lo último que le dijo mi padre fue que arrepentiría por haberlo echado de su propia casa y que algún día estaría pidiendo perdón de rodillas. Después desapareció en medio de una neblina que me puso los pelos de punta. Al desaparecer definitivamente mi madre cayó al suelo y se puso a llorar amargamente. Yo me fui alejando lentamente de la puerta sin hacer ruido para que no me notara.
-Danika responde, Danika ¿Qué paso?
- Nee-chan háblanos, dinos algo
-Amorcito, ¿Qué ocurre ahora?
-Mi niña, ¿Por qué te quedaste ahí?
Las voces de mis familiares me sacaron de nuevo de mi flashback. Estaban alrededor de mí. Yo estaba sujeta al marco de la puerta y me parecía que apenas me podía sostener en pie.
-L-lo siento, pe-pero…yo…- apenas podía hablar.
-¿Qué recordaste?- Alex me coloco en la silla mas cercana que tenía y se acuclillo en frente de mí con los demás siguiéndolo.
Me pareció que lloraría si se los decía pero me arme de fuerza para evitarlo.
-Recordé…la noche…en q-que…mi…p-pa-padre…s-se-se fue.- solo podía murmurar pues el recuerdo de esa noche me atemorizaba.
Axel parecía satisfecho ante mi pobre explicación como los demás.
-¿Quieres ir a la escuela mi niña?
-Estoy bien, otosama, la mayor parte fue la sorpresa, no te preocupes.- ya estaba casi repuesta
-Ok, bueno, mis niñas, mi amor, joven Axel, mi voy al trabajo.
-Buena suerte querido
-Que te vaya bien padre- yo ya me habían recuperado y me uní a la despedida que hicieron mis hermanas con verdadero ánimo.
Cuando oímos el sonido del motor de mi padre alejarse nosotras y Axel nos despedimos también de mi okasa.
Al subir, Kei ya nos tenía apartada una mesa y en cuanto nos vio supo que había pasado algo. Le comentamos del recuerdo de la despedida de mi padre y se alegro de verme con ánimos.
Si, ya basta de recuerdos, como decía una frase que oí en una película:
“El ayer es historia, el mañana un misterio, pero el hoy, es un regalo, por eso se le llama presente”
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